El Gavilán se mira en el desierto:
Piensa que es una tarántula.
Se vé a sí mismo como una forma negra
que refleja su senectud en el aire.
Le es trabajoso mantenerse planeando
y baja hasta dunas fatigadas.
El gavilán no sabe si es realidad o sueño
o si su plumaje es veracidad o fantasía.
Sólo sabe que la sed lo devora
al igual que a las más rígidas víboras.
Se mira en el espejo de lo visto
y vuelve a elevarse hacia su caos.
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