Tras cada equinoccio
los amantes se van.
Después de discusiones y locuras
cada quien, marcha a otros arrecifes.
Los amantes son sólo acertijos
que se juntan una vez en la vida.
Después de repugnarse en su lascivia
siguen caminos contrapuestos.
Los amantes son sólo ofrecimientos
que pueden soportarse tres meses o dos.
Tienen la claridad del andariego
y, a veces, son visibles como arcángeles.
Marchan sobre charcas descolladas
buscando aduladores silenciosos.
Son realidades que se juntan a diario
y mueca que se aparta con indiscreción.
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