Pasan juntos la víbora y el dandy
imbuídos en sus trapos cobardes.
Ella es soez y esterilizada
y tratan de delincuente a la comarca.
Son tal para cual y son ofidios
y su aspereza se ve en sus vahídos.
El es ejecutivo y ella actoral
y, en su glucosa, no dejan de imprecar.
A todos miran con asco y repugnancia
estos dos estertores que desangran.
Yo los veo con mis ojos, de tarde
y me detengo en el veneno de sus talles.
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