Aveces una mujer no es más que una mujer
por más que se atomice entre las manos.
Aunque se haga perfume de gladiolas
puede ser sólo una intriga disfrazada.
A veces no es más que un talle volátil
que se disipa entre los arreboles.
A veces una mujer no es trueno ni ráfaga
y es sólo una estructura que recubre un vestido.
Su corazón puede ser maquinaria fatídica
y reventarte el alma y hasta los anteojos.
Por eso ya no frecuento tinglados
y no me dejo tildar por sus altanerías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario