Todavía he de besar a una virgen
y acariciar a una muchacha discreta.
Todavía veré destilarse el rocío
sobre una silueta y sus sinuosidades.
Todavía he de sitiar a la tarde
con mis acordes originales y exactos.
He de evadir los envenenamientos
que me envía el tiempo Capital.
Aún he de domar talles elásticos
y ser un latido sin pararelismo.
He de dar mis calores a una cierva
que se declare levemente enamorada.
Para ella mi gitarra y mi laúd
y que me comprenda como otras no supieron
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