Ardemos en invisibles llamaradas
bajo el armisticio de las cosas delebles.
Nuestro entorno se hace intocable
y se diluye entre rocas y olas.
Me acerco a tu cuerpo destrenzado
que se derrocha como fina fantasía.
Me acerco con mi laúd a tus colores
y mis atosigados labios beben tus eternidades.
Caigo ante ti como un espectro
o como el despojo de un parapeto humano.
Beso tus largas piernas de horizonte
mientras se detiene el tiempo entre tus hombros.
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