He tomado un cartón por lecho
y huido a las solvencias de mi cuerpo.
Me cubro con árboles transmarinos
bajo la densa lápida del cielo.
El aire es mi confesionario
y en sus recodos hallo seguridad.
Me he alejado de las rejas ambiguas
y de los manicomios y estupefacientes.
Ahora me arropa vagamente el lenguaje
y las sábanas que desprende la atmósfera.
Voy a dejar mis nudillos en la tierra
y un canto de uva en las glorietas.
Pasaré como chorro sulfúreo
hacia un futuro sin formas ni esperanza.
Morir es algo obligatorio
pero eso lo haré en una península.
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