Me cansé de inspirarme en las mujeres
y de cantarle a su talle constelar.
No me trajeron más que naufragios
y mi vida zozobró en vicisitudes.
Engaño y fraudulencia me dieron
tanto la madura como la aniñada.
Pasaron disponiéndo su cuerpo
pero después se pospusieron, inalcanzables.
Algunas cantaron vértigos a mi oído
y otras me sustrajeron los amores.
Ninguna fue institución de piedad
Y antes que a mí prefirieron un zarcillo.
Otras se ahogaban en envidia
y en indescriptible altanería.
Ahora que ando sobre mis pies y sólo
pasaré mi vida alejado de leonas.
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