Me he marchado con los pedigüeños
cuando vinieron a pedir mi camino.
Los sigo como pequeño pinguino
que va a buscar la pesca en la marea.
Los veo idénticos y capaces
y con desaforadas manos atoradas.
Son ultrajes que recorren la tierra
llenos de tumores y con quebrada encía.
Jamás han logrado evadir al sol
ni capear lo largo del destino.
Ellos y yo dormimos sobre periódicos
frotándonos los lamentos y las llagas.
En las ciénagas bebemos a sorbos
apartando las excretas de los tigres.
No hay comentarios:
Publicar un comentario