Jamás besé bocas insípidas
ni me perdí en eternas insanías.
Siempre predije la esencia del beso
y fueron fontanas dulces y saladas.
El deber me llevó a tender las manos
ante doncellas de mirada lánguida.
Por muchas fuí justo en las justas
y a muchas alimenté con mis hojuelas
y aunque se hayan ido en sus delitos
ningún beso me fue jamás falacia.
Hoy espero otra ansiosa boca roja
que se adhiera a mí, como una patria.
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