No creo en el amor sin perjuicio.
Ya he tomado toda previsión.
No volveré a enredarme en las melenas lánguidas
que tanto ultraje y dolor me trajeron.
No creeré en gruesos ojos de niebla
que quieran endulzar de nuevo mis bahías
si alguna vez se han plantado en su encono
y lanzado granizo en mi umbra.
Prefiero los ojos alegres de la samaritana
y las mieles de decorosas rimbombantes.
No volveré a la misma provisión de decires
que me procesaron con su petulancia.
Prefiero esperar por gardenias oscuras
u otros cuerpos blancos que me santifiquen
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